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Opinión

De Norte a Norte / Publicado el Domingo, 20 de enero de 2008 a las 20:40:44 h.

Eder Barandiaran

Con Rajoy es posible

Eder Barandiaran



Nos hemos habituado, y es normal. Hoy en día gozamos de una serie de derechos y libertades a las que no le damos demasiada importancia, porque aquellos que son de mi generación o más jóvenes no conocieron otra cosa. Y los que tuvieron que sufrir en propias carnes la época más negra de la historia de España, eran lo suficientemente jóvenes para tener esa época como un mal recuerdo de la memoria.

Pero la verdad es que un servidor recuerda perfectamente las historias que le contaba su padre. Y no me refiero sólo a la miseria, al hambre y a la represión de la posguerra. Me refiero a todas esas carencias de derechos básicos que se dieron durante todo el franquismo y que se fueron construyendo, con ilusión y esfuerzo, en los primeros años de la democracia y se fueron desarrollando con los primeros años de la libertad.

Hoy en día, con sus más y sus menos, a pesar de que, en ocasiones, suscite nuestras quejas o impaciencias, a nadie se le pasa por la mente un lugar del territorio nacional donde no exista cobertura médica gratuita. Si un ciudadano debe operarse, o requiere un tratamiento, por costoso o complicado que sea, tiene derecho a él.

Hoy en día todos los niños españoles cuentan con un sistema educativo obligatorio y gratuito y los que valen y tienen ganas de seguir estudiando cuenta con toda una red de universidades públicas y un sistema de becas y ayudas al estudio.

La generación de mi padre, por mucha valía que tuviese, se vio abocada a trabajar a una edad muy temprana. Obligados por la necesidad y también por la imposibilidad de la mayoría de las familias a costera los estudios de sus hijos.

El sistema de pensiones, tal y como lo conocemos hoy, tampoco existía. La jubilación es y debe ser, como su nombre indica, un periodo de júbilo, no únicamente la época de la vida de una persona en la que deja de trabajar. Y este periodo, para de verdad poder llamarse así, debe dotar a las personas de los medios económicos necesarios para afrontar este momento de la vida con tranquilidad y holgura.

Hubo otros tiempos, no tan lejanos, aunque a veces nos parece que sí lo son, en los que algo que hoy parece tan elemental, estaba en manos de una elite acomodada.

En estos últimos años se ha seguido avanzando en materia de derechos sociales. Leyes como la de Dependencia, por la igualdad entre sexos o la realizada contra la Violencia de Género han supuesto una revolución, cuyos frutos dentro de unos años, si todo va bien, serán disfrutadas con naturalidad y nadie entenderá cómo pudo haber un tiempo en el que no se protegía a las mujeres, no se luchaba contra la desigualdad o no se contribuía con aquellas personas con familiares dependientes.

Avances todos ellos, que se han venido dando a lo largo de las tres últimas décadas, y que, a pesar del intento de algunos de taparlo, contaron en la mayoría de las ocasiones o bien con la oposición de la derecha de este país o bien con una aquiescencia a regañadientes.

Construir el estado del bienestar implica mucho tiempo y esfuerzo, pero es algo que es muy fácil de desmantelar. En países democráticos occidentales tenemos buenos ejemplos de ello, tales como los EE.UU. en la época Reagan o en Gran Bretaña con Thatcher, en los que se redujo de forma drástica la inversión en políticas sociales y se privatizaron servicios públicos esenciales.

Una vez que se desmantelan los servicios públicos, son prácticamente imposibles de restituir, o, cuando menos, muy difíciles. La segunda legislatura de Aznar, en la que la derecha se valió de su mayoría absoluta como si de una carta blanca se tratase para hacer lo que quisiesen con lo que es de todos, se dieron los primeros pasos para desarbolar derechos sociales básicos, como los proyectos para la privatización de las pensiones o del servicio de salud, entre otros.

Hoy en día contamos con derechos y servicios que consideramos tan normales y esenciales que creemos que es imposible que desaparezcan, pero no se confíen. Con Rajoy es posible.

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