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MÁLAGA 26 abril
2001
Siguiendo la
sugerencia de Au, he decidido intentar explicar mis
sensaciones en una noche mágica, la noche del concierto
de Los Piratas, aunque sea bien difícil. Lo primero que
sentí fue agobio, mucho agobio, al pensar que me podía
quedar sin entrada (repartían muy pocas e iba a haber
tortas por pillar una). Pero, gracias a Dios, conseguí mi
preciada entrada ( ufff!! ). Ya el día del concierto, tenía
tantas ganas de que empezase ya que no sé a que hora
llegué al Paraninfo, muy temprano. Conforme pasaba el
tiempo en la cola, mi excitación iba creciendo por
momentos. Estuve hablando con gente del chat y me contaron
que habían estado con ellos por la mañana en las pruebas
de sonido y que habían comentado lo de los asientos (¡un
concierto de Los Piratas no se puede ver sentado!!!!).
Bueno, por fin entramos y empieza lo bueno. Creo recordar
que empezaron con el equilibrio es imposible. Increíble.
Después vino m y ahí ya pegué un bote del asiento. De
verdad que es que la silla me agobiaba un huevo. Me quedé
medio de pie parte de la canción pero el de atrás me
miraba ya con cara de pocos amigos, jeje. Así hasta la 4ª
canción creo (no entiendo como se puede quedar uno
sentado con el viaje sideral del..., por ejemplo), en que
Ploff dijo algo así que si nos podíamos levantar. ¡¡¡Menos
mal!!! Iván hasta entonces no había parado de preguntar
que si nos aburríamos, como nos veían tan sentaditos...
A partir de ahí todo fue genial. Siempre que escucho una
canción de Los Piratas flipo, donde sea. Os podréis
imaginar como estaba en el concierto, alucinaba. No es el
primero al que he ido (y espero que no sea el último),
pero con ellos cada concierto es como si fuese el primero.
Y no es de extrañar porque son buenísimos, tienen un
directo apoteósico. Y yo estaba allí, sudando, cantando
(berreando, más bien), y vibraba con cada canción,
deseando que aquello no acabase nunca. Cada vez que lo
recuerdo se me pone la piel de gallina. Cuando acabó el
concierto estaba en una nube (y aún no he bajado de
ella). Fue genial. Además, (y a pesar de que nos
intentaron echar) conseguimos que nuestras entradas fuesen
firmadillas, jejeje, ¡qué majos son! Ahora lo que siento
es una especie de mono: esta clase de conciertos crea
adicción y necesitas tu dosis para estar tranquila. Ahora
ya no veo el momento de que ir a otro concierto. Ya me da
igual donde sea, no voy a volver a esperar a que vuelvan a
Málaga.
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