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Domingo de Resurrección
Domingo de Resurrección. Arde Melilla en alegría y felicidad, ha merecido la pena llorar la muerte de Cristo porque Jesús resucita en Gloria y emprende el camino hacia el Cielo. Han sido 33 años tremendos para el Hijo de Dios, han sido 12 meses de ilusión, preparación y apostolado para el pueblo melillense que manifiesta su alegría en la jornada de mayor felicidad para la cristiandad.
Y es que Jesús vino, hizo admirablemente sus deberes, padeció la incomprensión pero, al final, triunfó. Es el triunfo del amor, la consagración del líder social de todos los tiempos. Otros lo intentaron después, pienso en Ernesto 'Che' Guevara, pero Jesús puso el listón muy alto. Jamás hubo nadie como Él ni capaz de hacer su Obra.
Melilla es primavera, luz y flores el Domingo de Resurrección. Desde muy temprana hora, Dios mira al barrio de Batería Jota y al de la Victoria. Desde el primero sale Jesús Resucitado, gracias a las buenas artes del Flagelado. Desde el otro barrio norteño, cercano a la Libertad, sale la Novia de Melilla, María Santísima del Rocío, blanca, esplendorosa.
Son procesiones de alegría incontenida, los bebés se acercan a los símbolos de la gran fiesta de la resurrección, los portadores de trono intercambian varales y se abrazan, Melilla tiembla de alegría porque Jesús ha ganado.
Ambos y felices cortejos contornean Melilla con la la fe por bandera. Cuando Jesús resucita y sube a los Cielos, la fe aumenta. Cuando se vive intensamente la Semana de Pasión, el Domingo de Resurrección es tan emblemático como gratificante. Dios está en el corazón de todos los melillenses, llega una caricia del Cielo y se siente.
Uno de los momentos más emocionantes se registra en la Plaza de España, cuando a los sones del Himno de España, Madre e Hijo se saludan, se mecen, se encuentran. El Encuentro. Es el colofón a una semana de emociones, tradiciones, religión, cristiandad y costumbres populares que Melilla jamás perderá porque la llama del Espíritu Santo vive en las entrañas de un pueblo que, a lo largo de los siglos, siempre ha mirado al Cielo y al mar
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