Martes Santo
Martes Santo. Jesús ya ha sido humillado. El proceso ha comenzado y los legionarios romanos quieren hacer bromas con el preso. Como Cristo no dudó en manifestar ser rey, líder o dirigente, los militares ocupantes de países que no eran suyos le dieron una basta vara de mando y le cubrieron con un capote para hacerle rey de chanzas.
Jesús comienza a ver la luz al final del túnel. Sabía que el sufrimiento estaba más que garantizado y ha comenzado a experimentarlo en sus escuetas carnes. Ya le han torturado por primera vez. Él no se siente humillado pero quienes le humillan están seguros de haber conseguido su objetivo.
La muerte está cerca. El libertador de la humanidad asume su destino porque desde el primer momento de alientos sabe a lo que viene y cómo se va. Y transige desde la humildad que le vio nacer, consiente humillaciones y maltratos.
La más joven de las cofradías de Melilla, el Humillado, la Cofradía de la Castrense, hace estación de penitencia y fe por las calles de Melilla. Es una talla tan adusta como expresiva. Muestra a las claras los primeros momentos de Pasión del Hijo de Dios.
La generosidad del Nazareno le lleva a abandonarse a sí mismo, a ponerse en manos de torturadores totalitarios, de dictadores temerosos de perder el poder. Se trata de hacer llegar un mensaje al mundo del siglo cero. Hoy, 20 siglos después, sigue pasando lo mismo: quienes proclaman la libertad son objetivo de dictadores temerosos de perder el poder.
Jesús de Nazaret ya ha hecho el trabajo de apostolado, las gentes han entendido su mensaje de humanidad. Ya sólo resta esperar el desarrollo de los acontecimientos, la decisión de unas autoridades sorprendidas por un impacto social que buscarán la más fácil solución a una controversia que sólo tiene el bien común por bandera y estandarte.
Salvador Ramírez
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