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Semana Santa de Melilla 2008
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Pregón

 

A mi madre, mi referencia, mi vida. A la madre de mi madre, ella empezó nuestro camino. Y a mi padre siempre cerca, siempre en mi corazón.

 

PREGÓN DE LA SEMANA SANTA DE MELILLA DEL AÑO 2008

Blas Jesús Imbroda Ortiz

 

Reverendo y respetado Vicario Episcopal, Reverendo y respetado Ministro Provincial de los Frailes Menores Capuchinos de la Provincia de la Inmaculada Concepción de Andalucía, Reverendos y respetados Sacerdotes, Religiosas y Religiosos, Excmas. e Ilmas. Autoridades, Sr. Presidente de la Agrupación de Cofradías de Melilla, Hermanos Mayores, Cofrades, familiares y amigos todos:

Quiero agradecer en primer lugar, que hayan querido compartir este momento tan importante para mí, el Ministro Provincial de los Frailes Menores Capuchinos de la Provincia de Andalucía el Padre Mariano y el último Franciscano Capuchino en Melilla, el Guardián del Convento Fray Fernando Linares. Y agradezco inmensamente, con todo el corazón, las palabras de presentación de Fray Fernando. Son para mí un estímulo y un compromiso en la vida. Muchas gracias.

 

REFLEXIÓN PREVIA Y AGRADECIMIENTO.

Desde que Gregorio Castillo, Presidente de la Agrupación de Cofradías me comunicó que había sido designado para pronunciar el Pregón de la Semana Santa, créanme, incesantemente me he hecho la misma pregunta ¿por qué yo?, ¿porqué yo que no vivo como Cofrade la Semana Santa desde el interior de las Cofradías y en consecuencia, carezco del conocimiento que vosotros tenéis? A esta repetida pregunta que me hacía, se unía la angustia de tener la sensación de que yo era incapaz de redactar un Pregón de Semana Santa. Si además, leía Pregones de esta ciudad de años anteriores e incluso de otras ciudades, como he hecho leyendo Pregones de una ciudad tan relevante en estas solemnidades como es Sevilla, mi angustia se convertía en desazón, pues reflexionaba una y otra vez, y llegaba siempre a la misma conclusión, no sabré hacer un Pregón. Créanme, ni tenía, ni tengo el vocabulario en parte barroco, en parte lírico y siempre bello, que en ellos se impregnan. Ni los conocimientos o más bien profundos conocimientos, que inspiran a la mayoría de los Pregones. Pero en verdad, asumí un compromiso, porque éste es equivalente a un honor, el inmenso honor de pregonar en mi ciudad la llegada de la Semana Santa, de la Pasión y Muerte del personaje vivo más importante y determinante de la Historia de la Humanidad, Jesucristo. Ante la generosidad de la Agrupación de Cofradías de permitirme este inmenso honor, no tengo más que palabras de profundo agradecimiento.

Mi dedicación al Derecho y en los ratos libres a la Historia, no me capacitan para conducir un pregón en la forma tradicional, pues yo no vivo, como decía, con la intensidad vuestra de Cofrade la Semana Santa. Eso sí, desde niño la vivo, año tras año, en las calles y en las aceras de la ciudad. Esperando el paso de las Cofradías, o acompañando a alguna imagen. Viviendo entre el público la salida de los tronos o acompañándoos desde las aceras hasta el encierro en los lugares de recogida, y siempre, siempre admirando el esfuerzo, la ilusión y la vocación, que ponéis en practica, quienes, gracias a vosotros, hacéis posible año tras año la Semana Santa en nuestra ciudad.

Haré caso a ese gran hombre que es Carlos Castañeda, quien no hará tanto me dijo, leí mucho para redactar mi Pregón, pero al final me di cuenta que realmente de lo que se trataba era expresar lo que cada uno sentía y llevaba dentro. Sí admirado Carlos, pero además en tu precioso Pregón, late tu profunda religiosidad y tus íntimas convicciones.

Así pues, éste mi Pregón, que yo lo llamaría heterodoxo, el Pregón de quien siempre ha seguido la Semana Santa, la mayor parte de las veces desde las aceras, pero con profunda fe, irá conducido por datos históricos (como les decía, una de mis pasiones) y por supuesto, como bien me aconsejó, por mi experiencia, que no es otra que la de aquél que espera con expectación y profundo sentimiento, los pasos de la Semana Santa por las calles de nuestra ciudad.

 

PRELUDIO DE IMPORTANTES CONMEMORACIONES CATÓLICAS

Esta Semana Santa ha de ser especialmente importante para la ciudad. De alguna forma, ha de ser el preludio de un año donde se conmemoran importantes acontecimientos para la Iglesia Católica en Melilla. Así el día 20 de mayo se cumplirá el 90 aniversario de la inauguración de la Iglesia del Sagrado Corazón. Y es que el domingo 20 de mayo de 1918 fue un día grande para la ciudad y especialmente para la Asociación del Sagrado Corazón constituida en nuestra ciudad, en un momento en que la población de Melilla terminaba en las Puertas de Santa Bárbara al abrigo de Melilla La Vieja, a excepción de algunos grupos de viviendas y pabellones aislados y construidos en la calle General Margallo, Barrio del Carmen y en el Polígono. Esta Asociación de Melilla, ya veinte años antes, es decir en la primera década del siglo solicitaron, la construcción de un templo en la ciudad moderna, ciudad que se preparaba para crecer, extenderse y desarrollarse extramuros de Melilla la Vieja. Sólo se contaba en la incipiente nueva ciudad con algunas capillas como la del Cementerio de la Purísima Concepción, inaugurado en 1892, y la de algún Acuartelamiento, además de la de las Monjas del Buen Consejo, pero en su primera ubicación de 1906, cuando aún no se había construido el Colegio, que se concluirá en 1928. Esa iniciativa de la Asociación del Sagrado Corazón de nuestra ciudad, efectuando también recolectas a tal fin, motivó que en 1911 comenzara la construcción de la nueva Iglesia, que se llevó a cabo en distintas fases. El domingo día 20 de mayo de 1918, se desplazó a la ciudad el Obispo de Olimpo y Auxiliar de la Diócesis de Málaga D. Manuel González García, quien una vez recibido en el puerto y desde la Compañía de Mar, se dirigió en procesión a la nueva Iglesia, para lo que se denominaba en la prensa de la época, “la consagración del templo que se ha levantado en el barrio de la Reina Victoria”. Una vez allí el Obispo con su mitra y báculo recorrió el exterior de la Iglesia bendiciéndola con un ramo de romero, continuando con la bendición en su interior y celebrándose hace noventa años la primera Misa en la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. Ese mismo día, ya cuando eran las cinco de la tarde se procedió igualmente en procesión, al traslado del Santísimo Sacramento desde la antigua parroquia (Iglesia de la Purísima Concepción) al templo del Sagrado Corazón de Jesús. Hermanos Cofrades de la Soledad de Nuestra Señora y del Cristo de la Paz nos unimos a vosotros en tan importante conmemoración de esta Iglesia que no sólo ha constituido el centro de la espiritualidad católica de la nueva ciudad de Melilla, sino que también ha sido y es protagonista de los momentos más importantes de la Semana Santa de nuestra ciudad.

Hace 90 años también, y meses antes de la conclusión de la Iglesia, concretamente el día 12 de abril de 1918, visitó Melilla el Nuncio de Su Santidad Monseñor Ragonessi, a quien acompañaba el Obispo de Barcelona. Visitó la Iglesia en construcción, además de la Gota de Leche, lo que se denominaba el Patronato de Acción Social y la Escuela Indígena entre otros lugares. Fue una visita importante para la ciudad del que era Nuncio de Su Santidad en aquél entonces el Papa Benedicto XV.

Es preludio esta Semana Santa de nuestra ciudad, también del 60 aniversario de la Coronación Canónica de nuestra Señora de la Victoria, Patrona de Melilla.

La Virgen de la Victoria de nuestra ciudad, siempre fue la única esperanza para tantos y tantos melillenses en tiempos y momentos de penurias, desasosiegos, hambres, enfermedades, epidemias, asedios y catástrofes, que a lo largo de sus más de cinco siglos de historia, la ciudad vivió y padeció. A tantos y tantos miles de melillenses acogió y amparó nuestra Patrona en tantos tiempos tan difíciles como vivió la ciudad y a la que no sólo rendían devoción en la Iglesia, sino que era procesionada en difíciles y también trágicos momentos de la ciudad para encontrar en ella su amparo y tutela.

Devoción y fe de los melillenses a la Virgen de la Victoria, desde los principios de la ciudad española, y quienes ya a finales del siglo XVI, le construyeron una Ermita en la Plaza de Armas del segundo recinto amurallado. Fueron muchas las veces que marineros que habían sobrevivido milagrosamente a un temporal, descendían de sus barcas y subían descalzos en procesión a la Iglesia del Pueblo, para postrarse ante la Virgen de la Victoria en agradecimiento por su ayuda.

El pueblo de Melilla, que tanta fe siempre le profesó, el día de San Blas del año 1756, hizo “con sus soldados, promesa y juramento por sí y en nombre de las respectivas familias, de la perpetua firmeza del voto de Patrona a María Santísima Nuestra Madre y Señora de la Victoria” ratificando el antiguo nombramiento y legítima posesión en que está de tal título”, lo que fue aprobado por el Rey Fernando VI.

El día 13 de junio de 1948 en un acto solemne presidido por el Arzobispo de Granada, el Obispo de Málaga y seis Obispos de distintas ciudades, celebrado en la Plaza de España, se procedió a la coronación de la Virgen de la Victoria. La bellísima corona, obra del joyero local José Madrid, y que para cuya ejecución se inspiró en la corona de plata de la Reina Isabel La Católica que se conserva en el Tesoro de la Capilla Real de Granada, fue sufragada con la aportación de instituciones y del pueblo de Melilla mediante una suscripción popular.

Se cumple pues este año también, el 60 Aniversario de la Coronación de nuestra Patrona la Virgen de la Victoria.

 

LOS FRANCISCANOS CAPUCHINOS HISTORIA DE MELILLA Y DE LA SEMANA SANTA. NUESTRO ETERNO AGRADECIMIENTO

Y por último, es preludio esta Semana Santa del 90 Aniversario de la entrega a los Franciscanos Capuchinos de la Iglesia de la Purísima Concepción, lo que se llevó a efecto el día 18 de octubre de 1918. Permitidme que me detenga en los Franciscanos Capuchinos, pero sabéis que han sido protagonistas del impulso y consolidación de la Semana Santa de Melilla, además de almas tanto en la Real Cofradía y Hermandad Franciscana de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Maria Santísima de los Dolores, de la Iglesia de la Purísima Concepción y a su vez Convento de los Franciscanos Capuchinos, así como de la Venerable Cofradía y Hermandad Franciscana de Nuestro Padre Jesús de la Flagelación y Nuestra Señora del Mayor Dolor, de esta Iglesia de la Medalla Milagrosa que también fue su casa y donde desarrollaron su Ministerio.

Pero además de la importancia de los Franciscanos Capuchinos en la Semana Santa, también la han tenido en la historia de la ciudad, y en la historia de miles y miles de vidas de melillenses que con ellos pudieron, y pudimos los que hoy estamos aquí, compartir parte de nuestras vidas y sobre todo conocer y disfrutar del amor, serenidad, paz y entrega que siempre desprendieron.

Melilla que siempre contó con la presencia y asistencia de sacerdotes, sin embargo, las muchas dificultades de la vida en la ciudad y las condiciones complicadas de la misma en sus primeros tiempos, hacían difícil la designación de éstos, por lo que el Rey Felipe IV en 1660 ordenó al Padre Provincial de los Capuchinos de Andalucía que nombrara “tres sacerdotes para la vicaria y curato de Melilla y un religioso lego que les asista”. El 15 de enero de 1661 tomará posesión de la Iglesia y es nombrado primer Vicario para Melilla Fray Basilio de Antequera a quien acompañaban otros dos sacerdotes capuchinos y un religioso lego. En Melilla estarán los Franciscanos Capuchinos durante veinte años, regresando el 20 de noviembre de 1681. Durante su primera presencia en la ciudad, se concluyeron las obras de la construcción de la Iglesia de la Purísima Concepción y a iniciativa de ellos el día 4 de octubre de 1663 en la Misa celebrada, los representantes de la ciudad votaron y formalizaron la declaración como Patrón de Melilla a San Francisco de Asís. En los años ulteriores los Capuchinos se desplazarán a Melilla para predicar la Cuaresma.

Será ya en 1912 cuando regresen los Capuchinos a Melilla siendo los dos primeros en llegar el Padre Ildefonso de Cuenca y Fray Felipe de Coín, alojándose en una vivienda de la calle Carlos Ramírez de Arellano nº 8. El día 15 de octubre de 1918, tuvo lugar el cambio de los Capuchinos, de la vivienda a la casa de la Iglesia de la Purísima Concepción, a lo que antaño fue el convento de los Capuchinos. Como señala Fray Felipe de Coín en sus memorias, después de tantos años volvían a pisar sandalias capuchinas este lugar santificado en otros tiempos y circunstancias mucho peores, por nuestros antiguos Padres. Decía Fray Felipe “aún quedan restos en el archivo parroquial que nos hablan de ellos, de su esfuerzo, abnegación, heroísmo y sacrificio en la asistencia a la vieja guarnición, a los presidiarios en sus lóbregas mazmorras y a los enfermos en el contiguo edificio que fue hospital”. Y continúa diciendo Fray Felipe “pero aquí están de nuevo los Capuchinos, sino en tan adversas circunstancias como en otros tiempos, sí con los mismos arrestos e idénticos espíritu de abnegación y sacrificio dispuestos a prestar el servicio de su santidad y apostolado donde quiera que los llamen y sean necesarios, como lo harán cuando se presente la ocasión”.

Hace noventa años y ya los Capuchinos en la Iglesia de la Purísima Concepción, se decidió el traslado a la Iglesia del Sagrado Corazón de la mayor parte de las imágenes y objetos de culto. El Padre Casasola, Vicario de Melilla y párroco del Sagrado Corazón pensó proveer la nueva Iglesia de todo lo necesario a costa de la Iglesia de la Purísima. Como conté el pasado año en la presentación del cartel de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, cuando lean las memorias de Fray Felipe podrán ver y disfrutar de cuantas artimañas se valió para que, lo que él llamó el despojo de la Purísima, se evitara en su totalidad y permanecieran las imágenes que hoy veneramos en esta Iglesia y hoy se procesionan desde la Iglesia del Pueblo. Por contarles una anécdota, una vez se habían trasladado gran parte de las imágenes, cada vez que Fray Felipe tenía noticias de que en la Iglesia del Sagrado Corazón se anunciaban cultos a imágenes que quedaban en la Iglesia de la Purísima y en consecuencia tenían que venir a recogerlas, a escondidas del Vicario y de acuerdo con algunas feligresas del Pueblo, hacía que éstas solicitaran la celebración de culto a la imagen, costeando todos los gastos del mismo.

Como relata en sus memorias “en cuanto se anunciaban cultos a estas imágenes en el Sagrado Corazón, enseguida se anunciaba el mismo culto, y aún más solemne y para el mismo tiempo en la Purísima, y así se salvaron estas imágenes”.

Nuestros hermanos los Capuchinos, mis hermanos del alma y del corazón, han permanecido en la ciudad interrumpidamente hasta principios del año 2005. El día en que Fray Fernando celebraba su última Misa a las ocho de la tarde y tras ella se abrazaba a todos y cada uno de los que allí estábamos porque esa noche embarcaba definitivamente rumbo a la Península, nos ahogaba una pena inmensa y una gran tristeza. Se cerraba el Convento y el día a día de unos religiosos, parte integrante de la ciudad durante casi un siglo determinante en nuestra historia, en el que se crea la Melilla que hoy vivimos, y en la que ellos fueron referencia y ejemplo para todos los melillenses por su humildad, bondad y permanente amparo a todas las personas. Fueron permanente referencia en Melilla y en especial en esta preciosa Iglesia de la Medalla Milagrosa, que también fue su casa, donde dejaron su huella imborrable como ejemplo de vida, y dieron y recibieron el cariño de los vecinos del Barrio de Batería Jota.

Quiero recordar a Fray José Cejudo, mi amigo, con quien tantas horas compartí, momentos de alegría, momentos de paz, pero también momentos de dificultad y de tristeza, y en quien tanta ayuda encontré en todos los momentos de la vida, hoy en Sevilla. Amante de la Semana Santa y de las Cofradías, las vivió intensamente y vosotros Cofrades tuvisteis la fortuna de compartir con él las procesiones de la ciudad. El primer día que vino a Melilla a incorporarse al Convento coincidimos en el vuelo que venía de Málaga. No lo conocía. El destino quiso otra vez que coincidiéramos, pero esta vez en el vuelo que muchos años después lo regresaba a Málaga. En ese vuelo ya me embargaba la tristeza de que un gran hombre, un gran Franciscano y un gran amigo, se marchaba de la ciudad. Quiero también recordar en esta Semana Santa y rendirle homenaje en este Pregón a otro Franciscano, José María, un hombre sencillo, humilde, bueno, es decir, un auténtico Franciscano. Fue durante muchos años lego del Convento. También participaba en la Semana Santa. Él limpiaba con inmenso amor las Imágenes que luego se procesionaban. Él cuidaba la Iglesia, pero también cuidaba nuestros corazones, con su sonrisa, con su palabra siempre amable y con su permanente cariño. Ya se fue de este mundo, antes de tiempo, porque Dios quiso tenerlo cerca pronto. Todavía lo sentimos en todos los rincones de la Iglesia de la Purísima Concepción y es que siempre quedará grabado en nuestro corazón. Y por último, en este homenaje, que en sí encierra un eterno agradecimiento a los Capuchinos que tantos años estuvieron en nuestra ciudad, quiero destacar la figura de Fray Fernando Linares último Guardián del Convento. Ha sido y es una referencia para cuantos lo conocimos. La paz, la bondad y la serenidad de un hombre Santo y la humildad inherente a los hombres sabios de verdad y él además lo es, que nos trasmitió, quedará siempre permanentemente en nuestras vidas.

Este Pregón, es una expresión de agradecimiento a todos los Hermanos Franciscanos Capuchinos que ya no están en su Convento de la ciudad, y que fueron parte importante de la historia de Melilla, pero sobre todo, ejemplo y apoyo de la vida de miles y miles de melillenses a lo largo de tantos siglos. Como decía, fueron parte importante también en la Semana Santa y origen de dos Cofradías Franciscanas, las más antiguas de la ciudad.

Decía Francisco de Asís:

Señor, hazme un instrumento de tu paz.
Donde haya odio, siembre yo amor;
donde haya injuria, perdón;
donde haya duda, fe;
donde haya tristeza, alegría;
donde haya desaliento, esperanza;
donde haya sombras, luz.
¡Oh, Divino Maestro!
Que no busque ser consolado sino consolar;
que no busque ser amado sino amar;
que no busque ser comprendido sino comprender;
porque dando es como recibimos;
perdonando es como Tú nos perdonas;
y muriendo en Ti, es como nacemos a la vida eterna.

Esto que decía Francisco de Asís, ha sido el ejemplo de los Capuchinos en nuestra ciudad, ejemplo y palabras de San Francisco de Asís que en definitiva resumen lo que quiso y quiere Jesucristo con su Muerte y Pasión que durante la Semana Santa y con los diferentes Pasos recordamos año tras año.

 

LAS COFRADÍAS. TESTIGOS PERMANENTES DE LA PASIÓN Y MUERTE DE JESUCRISTO.

Durante la estancia de los Franciscanos Capuchinos en el siglo XVII estaban constituidas en la ciudad la Cofradía de la Virgen de la Victoria, la Cofradía del Santísimo Sacramento, la Cofradía de la Vera Cruz y la Cofradía de las Benditas Ánimas del Purgatorio.

Lo que durante siglos transcurrió con las ceremonias religiosas entre los muros de la Iglesia de la Purísima Concepción y de las Iglesias que ya entrado el siglo XX se levantaron, con procesiones del Cristo de la Vera Cruz entre las murallas de la ciudad vieja y por sus angostas calles, culminará a finales de los años treinta del pasado siglo con el esplendor de la Semana Santa que hoy conocemos.

Así tras la primera Cofradía en procesionar, la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores, sucesora de las primitivas Cofradías de nuestra ciudad, en el marco de esta Parroquia de la Medalla Milagrosa, se creó en 1942 la activa Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Flagelación y Nuestra Señora del Mayor Dolor. El día 11 de marzo de 1943 procesionará esta Cofradía por primera vez por las calles de la ciudad. Ese mismo año se creó la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón y María Santísima de los Dolores en la Iglesia de San Agustín. Tristemente se perdió esta Cofradía. Los Jueves Santos desde el Barrio Real y acompañada siempre por una multitud de feligreses procesionaban cuatro pasos, Jesús en la Oración del Huerto, María Santísima, María Magdalena y San Juan Bautista, también el de Jesús con la Cruz a cuestas y Simón El Cireneo, y por último, María Santísima de los Dolores. Impresionante procesión la de esta Cofradía que esperemos que algún día renazca en su Iglesia del Barrio del Real, una de las que más católicos congrega en nuestra ciudad.

Será en el año 1949 cuando se crea otra gran Cofradía, la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Cautivo y María Santísima del Rocío. La Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad procesionará por primera vez en el año 1951. En la creación de esta Cofradía mi abuelo, mi padre y mis tíos participaron desde su inicio. Formaba parte de la vida de mi casa. Desde que di mis primeros pasos, siempre me llevaban a ver a mi padre bajo el trono de la Virgen y acompañaba a mi madre con su corazón de cofrade y con su inmenso amor a la Virgen de la Soledad.

Así las Cofradías habéis mantenido durante tantos años, la fe y la entrega a la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

En el Telegrama de Melilla del día 12 de abril de 1974 se publicaba una noticia bajo el titulo “Adiós a los desfiles procesionales de la Semana Santa”. Triste noticia y triste hecho. Tantos años de sufrimiento, sacrificio y entrega por tantos Cofrades, anunciaba su fin. Parecía un fin definitivo. Sin embargo, el tesón, la vocación, la ilusión y la entrega de tantas grandes personas como sois los que hoy estáis en las Cofradías, los que ostentáis cargos de responsabilidad en las mismas, los que Dios ha querido que ya estén con Él, como fue Salvador Atencia, entre otros muchos, y otros que ya no ostentáis cargos pero habéis sido protagonistas de la vuelta de las Procesiones a las calles de la ciudad, hicisteis posible que ese lacónico adiós de la noticia perdiera su significado, y a partir del año1984 volvieran a estar las procesiones en las calles de la ciudad. Se unirá a la Semana Santa, con su imponente solemnidad, la más novel, la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Humillado y María Santísima de la Piedad de la Iglesia Castrense.

DOMINGO DE RAMOS.

Jesús esa semana había entrado en Jerusalén de forma triunfal a lomos de un borriquillo, animal por cierto mítico en las Sagradas Escrituras y usado por los más importantes personajes de la vida pública de Judea como lo era el sumo sacerdote, siendo aclamado por el pueblo, quienes manifestaban “hosanna” (palabra hebrea que significaba “sálvanos” y también “te rogamos”), y “bendito el que viene en nombre del Señor y el Rey de Israel”.

La Cofradía de esta Iglesia de la Medalla Milagrosa recorrerá las calles y anunciará que el hijo de Dios está entrando en la ciudad.

Viví año tras año en mi niñez esta Procesión. Nos vestíamos los niños y esperábamos en el Colegio de la Salle con la ropa de la época, de aquéllos que recibieron con esperanza a Jesús, y acompañábamos al trono. Esperábamos y deseábamos que llegara ese día. Lo recuerdo siempre como un día bello, luminoso, pero también muchas veces con los vientos de Melilla que movían nuestras túnicas y con las palmas, que conservábamos durante todo el año. En aquél entonces nos enseñaban los Hermanos de La Salle que Jesús entraba en Jerusalem para decir a todos que había que hacer el bien, que había que ayudar a los demás y que valió la pena su sufrimiento y muerte en la Cruz porque lo hacía por todos los hombres, con su mensaje de paz y amor.

Yo crecí en esta procesión del Domingo de Ramos, que también aún siendo muy niño, la sentía mía.

Por supuesto, detrás del Hijo va la Madre. La ternura y la belleza de la expresión de la imagen de la Virgen de la Esperanza, encarna la ternura y la belleza de todas y cada una de nuestras madres. Siempre mirando al hijo. Siempre dando la vida por el hijo. El sufrimiento que vivirá la Madre de Jesús, al ver cómo es cruelmente ejecutado su Hijo, se verá correspondida con la esperanza de que sea escuchado, que traía un mensaje de Dios, un mensaje de Paz y Bien, un mensaje indispensable para que el mundo sea mejor.


LUNES SANTO Y MARTES SANTO.

El lunes procesionará el paso de Nuestro Padre Jesús ante Pilatos -La Sentencia- y el martes lo hará Nuestro Padre Jesús Humillado.

Sí, Jesús fue humillado y Jesús fue sentenciado.

Fue juzgado y fue absolutamente ilegal su juicio, su condena, su sentencia, brutalmente torturado y cruelmente ejecutado. Para Jesucristo no hubo derechos, no hubo juicio justo. En su juicio no hubo defensa y tampoco hubo el menor respeto a los más esenciales derechos del hombre, como son el derecho a la dignidad y el derecho a la vida. Fue calumniado, vejado, insultado, torturado y ejecutado con la más cruel de las penas de su tiempo.

En pocas palabras el derecho como tal no existió. Todo esto a un hombre que vivió su tiempo, que contestó a los poderosos mandatarios del Sanedrín, que cuestionó y criticó lo que hacían en el templo, y que para colmo, ¡para colmo!, se unió a la gente necesitada, a los pobres, a los marginados, a los perseguidos, y a todos les predicó algo tan grave, que le hizo merecer semejante tortura, que no fue otra cosa que el repetir hasta la saciedad que se amaran, ayudaran y respetaran los unos a los otros. Esto le costó la vida.

 

MIÉRCOLES SANTO.

Camina el Nazareno por las calles de la ciudad. Como siempre, su Madre detrás, cerca. María Santísima de los Dolores, derrama sus lágrimas y su enorme dolor. Su hijo ya carga con la Cruz camino del calvario.

La imponente expresión de la cara del Nazareno, quien previamente ha sido vejado y torturado, y carga con los maderos donde su Cuerpo será clavado, sobrecogerá nuestros corazones.

El Nazareno camina por la ciudad con la Cruz a cuestas.

He recorrido muchas veces en Jerusalem, el camino de Jesús al Calvario. He andado las estrechas calles por las que Él caminó con la Cruz a cuestas, sufriendo latigazos y con una corona de espinas. Previamente había sido azotado y su Cuerpo ya llevaba las marcas, las llagas y el dolor de esa tortura. He andado una y otra vez la cuesta, hoy calle en pendiente, que conducía al lugar donde sería crucificado. Me preguntaba a mi mismo, ¿qué podía pensar Jesús en ese camino? Sólo había dicho que se amaran los unos a los otros y había estado al lado de los pobres y marginados de la sociedad. ¿Por eso merecía ese calvario?

El Nazareno en Melilla nos dirá que sufrió y murió por nosotros, ¿por la salvación del mundo?, me preguntaría yo aquí. Si miramos fijamente la expresión de su cara, podremos encontrar la respuesta. La expresión de su cara, nos hará reflexionar y pensar, y decir, que murió por nosotros, por predicar un mundo de paz, un mundo de generosidad y un mundo de solidaridad. Entonces ¿se salvaría el mundo si todos, con independencia de que sean de cualquier creencia y de cualquier lugar, llevaran, lleváramos, lo que Él dijo a la práctica? El Nazareno será la respuesta. La expresión de su cara compendia el sufrimiento, pero también el amor, y la ternura de la bondad y del perdón. Seguro, completamente seguro, que así sí se conseguiría la salvación del mundo.

Y tú Madre, María Santísima de los Dolores, el dolor indescriptible de tu cara, siempre cerca de tu Hijo, viendo y viviendo su sufrimiento. Pero ahí seguías con amor, con profundo amor. Y aquí sigues con todos nosotros. También sufriendo, pero también pidiéndonos que tus lágrimas y las de Jesús en el Huerto de los Olivos, calaran nuestros corazones.

JUEVES SANTO.

La multitud se agolpa a las cuatro de la tarde junto a la Iglesia de Santa María Micaela. Jesús Cautivo saldrá a procesionar la ciudad y junto a Él, siempre, siempre su Madre María Santísima del Rocío.

En el Telegrama del Rif del día 9 de abril de 1960 se publicaba un artículo bajo el título “Ya viene Jesús Cautivo…”, en el que se decía, “su cabeza, ligeramente inclinada hacia delante; su rostro con una expresión de dolor, pero no de un dolor físico, sino de angustia y amargura por la incomprensión humana, refleja silenciosamente sus atributos de sencillez y humildad, como es la versión franciscana del cristianismo”.

De esta Cofradía, mi Colegio, el Ilustre Colegio de Abogados de Melilla, es Hermano Mayor. Junto al Cautivo procesionamos los Abogados de Melilla. Dejadme que traiga a este Pregón los nombres de dos compañeros, de dos amigos, de dos buenas personas, los Abogados Alejandro Parres y Ángel Rafael Fernández Mena. Ellos acompañaban el jueves santo al Cautivo con sus togas de Abogado. Hoy ya están junto a Él en el Cielo. Pero estoy seguro, no tengo duda, de que cada jueves santo ya de la mano del Cautivo nos acompañarán, y recorrerán junto a nosotros las calles de la que siempre será su ciudad.

La devoción al Cautivo y a la Virgen del Rocío se refleja en las caras de tantas y tantos melillenses. Sobrecoge el alma, ver bajar por la cuesta que conduce al Tesorillo las bellísimas imágenes y junto a ellas y en las aceras, una riada de hombres y mujeres que llevan permanentemente en el corazón a su Cautivo y a su Virgen del Rocío.

Otro de los grandes momentos de la Semana Santa, es y será el encuentro del Cautivo y de la Virgen del Rocío con los ancianos y los niños de la Gota de Leche. Venid por favor melillenses y apreciar ese momento. Mirad las caras de esos ancianos y de esas ancianas y mirad las caras de esos niños. Vivid ese momento. Os aseguro que el valor de la vida alcanzará un sentido distinto, y que todo el envoltorio material que nos rodea y del que nos rodeamos, con las pasiones, intereses, egoísmos, apetencias y ansiedades de la sociedad que hemos creado, se derrumbará y comprenderemos el valor de la ternura, de la esperanza y del ser humano.

La iniciativa hace años de un Magistrado, el Juez Juan Rafael Benítez Yébenes, y el testimonio cristiano de los hombres y mujeres del Voluntariado Cristiano de Prisiones ayudando a los reclusos, nos conduce a otro momento importante de la Semana Santa. La ciudad hará grande el principio de la generosidad y del perdón y apoyará el esfuerzo por superar un error, y por el derecho natural de tener otra oportunidad en la vida. Ahí estará la Cofradía y el Voluntariado Cristiano de Prisiones. Se producirá la liberación del preso.

Después, el esfuerzo en la subida de las acentuadas cuestas que conducen de vuelta a su casa al Cautivo y a la Virgen del Rocío, dejará testimonio, de la profunda devoción y del sacrificio de los portadores, referencia de lo que comporta y ha de comportar la voluntad, el trabajo y la constancia en la vida, de lo que Jesús fue vivo ejemplo.

Ya está el jueves Jesús de la Flagelación por las calles de la ciudad, en la imponente procesión de la Cofradía Franciscana de esta Iglesia de la Medalla Milagrosa. Detrás, cerca, viendo a su Hijo flagelado, María Santísima del Mayor Dolor. Acaso, me preguntaría yo ¿hay mayor dolor que el que pueda tener una madre al ver a su hijo flagelado?, ¿que el que pueda tener una madre al ver a su hijo sufriendo el calvario que le conducirá a la muerte? Su cara, con su bellísima expresión de dolor, de pena, de sufrimiento, pero también de ternura, de amor y de esperanza, nos dirá que su Hijo vino a salvar al mundo, y que Ella permanecerá con nosotros en tantas y tantas mujeres que a lo largo de la historia de la humanidad dieron su vida por los demás, como también lo hacen en nuestra ciudad. La Virgen del Mayor Dolor nos dará un mensaje de amor y de perdón y en palabras de una de sus hijas, la Madre Teresa de Calcuta, nos enseñará a amar diciendo:

Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida;
Cuando tenga sed, dame alguien que precise agua;
Cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor.
Cuando sufra, dame alguien que necesita consuelo;
Cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz del otro;
Cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado.
Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos;
Cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien; Cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos.
Cuando quiera que los otros me comprendan, dame alguien que necesite de mi comprensión;
Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender;
Cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona.
Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos;
Dales, a través de nuestras manos, no sólo el pan de cada día, también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo.

Las puertas de la Iglesia del Sagrado Corazón ya se habrán abierto en la noche del jueves. La imponente imagen del Cristo de la Paz, recorrerá las calles de la ciudad. Jesús ya ha sido crucificado.

Jesucristo antes había sido reiteradamente torturado durante esa noche. Se le abofeteó y escupió en el Sanedrín. Era golpeado mientras se le conducía atado a los distintos sitios a los que fue llevado. Fue brutalmente flagelado. Martirizado colocándole una corona de espinas en torno a toda su cabeza mientras le daban golpes a la corona con una caña, esto ya por los soldados romanos. Y por último fue golpeado mientras lo trasladaban a gólgota (calvario), y definitivamente sufrió la pena de muerte más cruel y terrible que se conocía en aquellos tiempos, la crucifixión, donde al dolor de los clavos en las muñecas y en los talones, se unía la asfixia que provocaba el desprendimiento del cuerpo hacia abajo. Esta pena provocaba una intensa y larga agonía, que podía durar más de un día. La crucifixión no era solo muerte, sino también una tortura prolongada, efectuada en un lugar público junto a los caminos, donde allí quedaba para escarnio del ejecutado, y ejemplo de la población.

Sin embargo, a pesar de todo ello, ese Hombre es el Cristo de la Paz. Sí, de la Paz, del perdón, de la solidaridad y del amor.

En la celebración del Domingo de Ramos del año 2005, uno de los Papas más grandes en la Historia de toda la Humanidad, Juan Pablo II, dijo:

“En la cruz, Jesús muere por cada uno y por cada una de nosotros. La Cruz es, por tanto, el signo más grande y elocuente de su amor misericordioso, el único signo de salvación para cada generación y para toda la humanidad”.

VIERNES SANTO.

La Madre sostiene en sus manos el cuerpo del Hijo desprendido de la Cruz. ¡Qué inmenso dolor!, pero es María Santísima de la Piedad. La Virgen desde la Iglesia Castrense y ya por las calles de la ciudad expresará en su rostro el dolor y la tristeza, pero también nos transmitirá el valor de la misericordia y como siempre del amor, por eso es ¡María Santísima de la Piedad!

Luego el respeto profundo y la más estricta solemnidad acompañarán a Jesús en su Santo Entierro. Desde mi niñez siempre me impresionó el Santo Entierro. La imponente imagen del cuerpo de Cristo en la urna de cristal, me encogía el corazón. No sólo el trono y el paso son impresionantes, también lo es la expresión de Jesús. Miradlo, es la expresión de quien muere en paz y muere por los demás.

En la puerta de la salida del Santo Entierro estuve tantos años con mi niña Amanda. Ella también lo acompañaba. Era monaguillo de los Capuchinos en la procesión. Ella también pudo criarse con el amor y la ternura de Fray José Cejudo, de Fray Fernando Linares y de Fray José María.

Al finalizar la noche, entre el silencio y la oscuridad, vendrá la Virgen de la Soledad, enormemente bella y con su expresión de ternura, dulzura y bondad. Mi madre también participó en la Cofradía desde su fundación, y además de acompañar todos los años a su Virgen de la Soledad, bordaba los corazones de la Cofradía. Yo conservo y tengo conmigo el corazón que bordó y llevaba mi madre en la primera procesión. Este corazón es el corazón de la Virgen de la Soledad, que ha sido siempre el corazón de mi madre, un corazón de sacrificio y siempre, siempre, lleno de inmenso amor. Es en el corazón de mi madre, donde La Virgen de la Soledad siempre estuvo en mi casa y en nuestras vidas. Permitidme que en este Pregón también le traslade un agradecimiento infinito a mi madre, ella siempre fue y sigue siendo, día a día, junto a mi padre, el mensaje de la Semana Santa. Mi madre me dio la vida y a ella todo le debo.

 

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Llegamos al día grande de la Semana Santa. Jesús ha resucitado y permanece con nosotros.

La Virgen del Rocío, bellísima, baja desde su casa. Su Hijo resucitado la espera en la Plaza de España. Espectacular las Cofradías en el día grande de la Resurrección. Espectacular el Encuentro de Jesús con su Madre. Y espectacular el fervor y la devoción de la multitud de los melillenses que se agolpan para vivir ese momento. Es un día ya alegre, de celebración. La esperanza se cumplió. ¡Jesús ha resucitado!

Allí seréis testigos de honor los Hermanos Mayores: Gregorio Castillo, la bondad y la pasión por su Cautivo; Javier Calderón siempre cuidando a su madre la Virgen de la Soledad; Juan Antonio Ramos, la expresión inmensa de justo orgullo y satisfacción de portar a su Resucitado; Francisco Durán, el esfuerzo y el deber cristiano cumplido de anunciar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús por las calles de la ciudad; y Marcelo Nogales, la gran responsabilidad de mantener viva una Cofradía que nace junto a los orígenes de la ciudad española.

Durante el Encuentro y en vuestras caras, Hermanos Mayores, se refleja la plena satisfacción y el justo orgullo de celebrar la Resurrección de Jesús, y un año más, el final de tantas horas de esfuerzo y dedicación. Junto a tantos y tantos Cofrades que con vosotros hacen posible la Semana Santa en nuestra ciudad, diréis que mereció la pena el sacrificio. Sois parte del alma del pueblo de Melilla.

 

LA IGLESIA. EL EJEMPLO VIVO DE LA PASIÓN Y MUERTE DE JESÚS

Permitidme que en este Pregón y en esta Semana Santa rinda, rindamos, homenaje a los hombres y mujeres que integran la Iglesia Católica, tantas veces tan injustamente maltratada, desde una penosa y habitual frivolidad, y por supuesto desde la ignorancia y el desconocimiento muchas veces interesado. Rindo homenaje en este Pregón a los que sois dignos ejemplos de la Pasión y Muerte de Jesucristo. A los que habéis dejado todo, absolutamente todo y habéis consagrado vuestras vidas. Vosotros los Sacerdotes, que dejasteis todo para dedicaros a los demás. ¿Qué sería de nosotros sin vosotros? Gracias eternamente. A mis Monjitas de la Divina Infantita, buenas, Santas y siempre en la dificultad diaria de sacar de lo más profundo de los pozos aciagos de la vida, a criaturas que injustamente los han sufrido. A las Monjas del Monte de María Cristina, Monjas de María Inmaculada, representáis el tesón de todas las horas de la vida enseñando y ayudando a los más desfavorecidos de la sociedad. A las Monjas de la Gota de Leche, Monjas de la Caridad, siempre dando calor, cariño y ternura a quienes tanto lo necesitan, los niños abandonados y a los ancianos, a nuestros mayores que sufren la soledad tantas veces de verse abandonados por sus hijos. Para mí no sólo es un principio de vida, sino que es un absoluta convicción, que los más importantes en nuestras vidas son los niños y los mayores. Por ello, a ellos hay que dedicarse. A los niños, porque son criaturas que forjaran su personalidad y protagonizarán el futuro del mundo. Y nuestros mayores, porque en su piel ya tan arrugada y en su pelo blanco, está escrita la historia de una vida, con las dificultades, sinsabores, golpes, sufrimientos, esperanzas y esfuerzos. Nuestros mayores, nos precedieron y con su esfuerzo nos abrieron el camino de la vida.

Perdonad, no es ni digno ni justo, que se abandone a un padre o a una madre, cuando éstos más nos necesitan. Cuando la enfermedad no elegida, ni por ellos querida, les trunca la vida.

Mahatma Gandhi dijo: “Cuando todos te abandonan, Dios se queda contigo”. Y es verdad, allí está Dios con sus hijas, las Hijas de la Caridad al lado de tanto ser humano abandonado.

También a los demás Religiosos y Religiosas que ayudáis a los más necesitados, que formáis a los niños y jóvenes, los Hermanos de La Salle y las Monjas del Buen Consejo, en fin, a todos mi homenaje en este Pregón que a buen seguro es el homenaje de la ciudad de Melilla y nuestro permanente agradecimiento.

El respeto y la admiración de toda la sociedad, también lo merecéis tantas personas, por las que a buen seguro Jesucristo dirá, sí Padre mereció la pena el sufrimiento de la Pasión y mi Crucifixión, porque ahí están en tantos rincones y también en Melilla, quienes siguieron mi mensaje de paz y amor

Además a todos y a todas porque siempre tenéis la sonrisa en vuestros labios. Estáis al pié de las más profundas dificultades de la vida. Al lado de los abandonados, de los maltratados, de los enfermos, de los niños, de los ancianos, de los presos, de los inmigrantes, de los que no tienen un techo ni un pedazo de pan que echarse a la boca. En una sociedad tan extremadamente acomodada como la que vivimos, vosotros sois lo excepcional, el testigo diario de la Semana Santa y el ejemplo. No sólo merecéis el respeto y admiración, sino el permanente agradecimiento. Gracias a vosotros, se mantiene viva la esperanza de que es posible un mundo mejor. Ésta es la Iglesia y éste es el mensaje de la Semana Santa, éste es el mensaje que vosotros Cofrades con vuestro transcurrir solemne proclamáis por las calles de la ciudad, y éste es el mensaje que Jesucristo, el Hijo de Dios nos dejó en su semana de pasión, muerte y resurrección. Y esta es la Iglesia en Melilla y en tantos rincones del mundo, donde el único transporte para llegar es el corazón, el corazón de tantos hombres y mujeres que lo dejan todo para dar su vida por los demás.

Son dignos de admiración por toda la sociedad, y son Iglesia también, las personas que integran las Conferencias de San Vicente de Paúl. Ellos reciben el mensaje de la Semana Santa y lo llevan a las casas y a las calles de la ciudad el resto de los días del año. Impresiona verlos en los hogares de personas totalmente desamparadas por distintos avatares y tragedias de la vida, y llevarles alimentos y enseres para poder tener algo que les está vedado, y que no podemos imaginarnos que esté ocurriendo tan cerca, el derecho a una vida digna. Allí donde ya nadie llega, ni alcanza a imaginar que sean reales esas tragedias humanas, estarán las mujeres y los hombres de las Conferencias de San Vicente de Paúl, entregándoles además el calor del corazón.

También los hombres y mujeres de Cáritas, del Banco de Alimentos, del Voluntariado Cristiano de Prisiones, del Voluntariado de ayuda a las personas mayores, y tantas otras, son ejemplo del mensaje de la Semana Santa, y los protagonistas y la esperanza de que es posible un mundo mejor.

¿Qué sería del mundo sin personas como vosotros?

 

LOS COFRADES Y SU MENSAJE

Sois vosotros Cofrades, los que con vuestro permanente esfuerzo y dedicación año tras año mantenéis vivo el mensaje de Cristo. Proclamáis por las calles de la ciudad paso a paso, día a día, la pasión, el sufrimiento, la tortura y la ejecución y brutal muerte del hombre más bueno que jamás pisó la tierra, Jesucristo. Pero también proclamáis la resurrección y en definitiva, la esperanza de algún día poder encontrarnos con Él. Ésta es la Semana Santa, pero estoy seguro que no fue en balde el sufrimiento y la muerte de Jesucristo. Él dio la vida por nosotros. Él dio la vida por decirnos que en definitiva viviéramos respetándonos, amándonos los unos a los otros, ayudando a quien lo necesita, haciendo el bien, y sobre todo, sobre todo, no haciendo daño a los demás. Él nos enseñó y nos dejó principios y valores. El valor de la paz, del respeto, de la ayuda, de la solidaridad, del compromiso de ayuda a los más débiles, y más necesitados, y de luchar por defender la dignidad de la persona. Esta fue la vida de Jesucristo y éste fue su legado tan necesario hoy en día.

Si lo que Jesucristo nos enseñó, calara en los cerebros y sobre todo en el corazón de las personas, a buen seguro el mundo sería distinto.

 

Para finalizar, quiero dirigirme al Cristo Crucificado que me ha acompañado durante el Pregón en esta preciosa Iglesia de la Medalla Milagrosa, y decirle dos versos que escribió Fray Santiago Agrelo, Arzobispo de Tánger, con motivo de su ordenación episcopal el 17 de junio de 2007:

Aunque la vida no fuese
más que un momento,
¡gracias, Señor, por la vida!

Aunque el amor no existiese
más que un momento,
¡gracias por haberme dado ese momento de amor!

 

Muchas gracias

 

 

Blas Jesús Imbroda Ortiz



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